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Licenciada en Psicologia,Diplomada en Arte Dramático,una de las autoras de "Cuento Atrás",Colaboradora en la revista "Glamalunya",Ganadora del concurso del amor de Letras y Escenas

lunes, 16 de febrero de 2009

IN THE METROOOO

Julia estaba apoyando la cabeza junto al cristal mientras miraba sin ver a la velocidad del vagón las figuras impersonales que esperaban en el arcén cuando a través del reflejo del cristal vió la silueta de un chico que se sentaba en el cuadro de compartimentos de su izquierda. Al igual que ella, el chico apoyó la cabeza contra el cristal, observando sólo la negrura del túnel.
Julia lo observaba a través del reflejo. Tenía un perfil bastante bonito y vestía de forma informal . Julia giró la cabeza al darse cuenta que el chico, a través del reflejo en su cristal, la había descubierto.
El metro llegó a otra parada y el movimiento de personas permitió a Julia volver a observar sin ser vista. Entonces descubrió que en el rostro del misterioso chico se dibujaba una sonrisa y de nuevo buscó los ojos de ella en su cristal. Julia no pudo menos que sonreírle y sonrojarse pero era incapaz de mirarle directamente porque tenía miedo de acortar la distancia que los separaba, que era apenas la anchura de un vagón.
El chico volvió a mirarla directamente desde su reflejo y apuntó con el índice hacia arriba. Antes que Julia pudiese comprender él se levantó dirigiéndose a las puertas. Había llegado a su parada.
Julia percibió que era muy alto y al moverse el perfume de él la hizo paladear.
- Se va a bajar del vagón,- se dijo intentando acopiar fuerzas para mirarlo directamente a los ojos, sintiendo que él le preguntaba con la mirada qué iba a hacer.
En el mismo momento que Julia levantó la cabeza él bajó al arcén. Julia oyó un golpe en el cristal y encontró su rostro que le sonreía.
- Un café?- le dijo él reafirmando la pregunta con gestos.
Julia se recreó en su hermoso rostro, en la forma de mover los labios mientras sentía que el estómago le temblaba y que las piernas empezaban a flaquearle. La razón le decía que era cosa de locos, que iba a hacer el ridículo, que la gente no se conoce así...le dió una patada a la razón y se alzó rápidamente de su asiento. En ese mismo momento el pitido del metro se volvió intermitente y las puertas se cerraron frente a ella.
En el arcén, el chico le dijo adiós con la mano con la mirada triste y Julia se echó a llorar.

4 comentarios:

danielle dijo...

Que bonito..me encantan las historias reales.

Un saludo

Juan dijo...

A veces las oportunidades pasan por delante nuestra y no nos atrevemos a cogerlas por miedo, y esas oportunidades seguramente no vuelven a aparecer, tenias que haber bajado antes. te diré como un blog que alguien escribe "arrepientete de las locuras que no cometas".

Imaginario dijo...

muy buena historia, y uno nunca sabes por que caminos nos lleva el tren, quiza vuelvas al mismo camino, quiza, no alla mas caminos :P saludos

Sidel dijo...

Estoy con Juan...las oportunidades hay que cogerlas, a veces hay que tirarse a la piscina sin más...Por que el que no arriesga no siente...besos