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Licenciada en Psicologia,Diplomada en Arte Dramático,una de las autoras de "Cuento Atrás",Colaboradora en la revista "Glamalunya",Ganadora del concurso del amor de Letras y Escenas

miércoles, 25 de febrero de 2009

PECADO CAPITAL

Érase una vez una barriga llamado Micaela. Micaela estaba muy triste ya que hacía varios meses que su amistad con ombligo se había enfriado y esto era debido a que Micaela engordó tanto que Ombligo acabó despareciendo dentro suyo, aplastado entre toda la masa de michelines que Micaela había ido acumulando.
Micaela se lamentaba pero la Pereza le cortaba las alas cada vez que ella intentaba ponerse a trabajar para perder la grasa y volver a ver a su amigo Ombligo.
- Voy a ir al gimnasio- decía Micaela.
- ¡¿Qué dices loca?! – le espetaba la Pereza – ahora empieza una serie que está genial – y modulando el tono de voz cual gata ronroneadora añadía – y además hay helado de nueces de Macadamia en el congelador.
Micaela buscaba en su interior algo para rebatir los argumentos de Pereza, pero sin embargo se descubría haciendo todo lo contrario:
- Bueno, ya no viene de un día, puedo empezar mañana…mañana no dan nada en la tele…
Y así transcurrían los días y poco a poco Pereza se fue adueñando de la mente de Micaela que empezaba a crecer y crecer. Sólo cuando escuchaba los gritos de su antiguo amigo, el Ombligo, le volvían los remordimientos de conciencia, que Pereza evitaba rápidamente seduciéndola con algún plan tentador:
-Hoy es normal que estés tan sensible, estás muy cansada, has madrugado mucho…cuando lleguemos a casa nos tumbaremos en el sofá a descansar y te encontrarás mucho mejor.
Y Micaela se convencía que Pereza tenía razón y se olvidaba por completo de qué era lo que la había entristecido.
Una noche Micaela se despertó oyendo al Ombligo gritar de alivio:
- ¡Menos mal! Así boca arriba puedo respirar tranquilo…
Micaela se echó a reír, dándose cuenta de cuánto echaba de menos a su amigo y así se lo hizo saber.
- Yo también te echo de menos, pero has crecido tanto que me absorbes. No soporto tu peso . Tienes que hacer algo si quieres que sigamos siendo amigos.
- Ya lo estoy intentando, pero La Pereza no me deja – contestó ella, conteniendo las lágrimas.
- Tú eres más fuerte que la Pereza. Nuestra amistad es mucho más importante. Tienes que desterrarla de tu mente y yo te voy a ayudar. Mañana te presentaré a alguien que te va a enseñar cómo hacerlo.
Micaela sonrió y un pequeño nerviosismo se apoderó de ella. Ombligo siempre le enseñaba cosas fascinantes.
Al día siguiente Micaela recordó lo que le había prometido a su amigo y le dijo a Pereza que quería ir al gimnasio.
- No mujer, estamos a jueves, ahora ya mejor espérate al lunes.
- ¡Ni hablar! – se oyó una voz grave y fuerte, una voz que a Micaela le resultaba desconocida y que la impactó tanto que tardó unos segundos en volver a pensar con claridad .- Vamos a ir HOY.
La Pereza rechistó de nuevo con más argumentos que fueron ignorados hasta que calló súbitamente y acto seguido Micaela se dio cuenta que no ofrecía ninguna resistencia, como había hecho en otras ocasiones, cuando empezó a preparar la mochila del gimnasio. Pero seguía intrigada por saber de quién era esa voz y preguntó en un susurro, esperando a que quien quiera que fuese que la hubiera ayudado la oyera:
- ¿ Quién eres? ¿ Te ha enviado el Ombligo?

Se oyó una risita burlona y acto seguido la misma voz grave, pero con un volumen muy inferior, le contestó:
- Soy tu Voluntad. Me envía tu amigo y te voy a ayudar a conseguir lo que quieres de verdad.
Y así fue cómo, día tras día, la Voluntad acallaba las excusas y protestas de la Pereza y como Micaela empezó poco a poco a ir al gimnasio. Al principio fue duro ya que la Pereza había absorbido gran parte de la mente de Micaela, pero la Voluntad luchó con ahínco hasta que poco a poco las protestas de la Pereza empezaron a ser menor en número, más débiles y ridículas hasta que un día dejaron de manifestarse. Entonces Micaela se sintió feliz por haber logrado superarse a sí misma y por el silencio que finalmente reinaba dentro suyo. Dos meses más tarde, su amigo Ombligo asomó de nuevo a sus ojos, felicitándola por su logro.
Y así fue cómo Micaela y su amigo Ombligo lograron reencontrarse, liberarse del bañador que los aprisionaba y pasar el verano más divertido de todas sus vidas.

3 comentarios:

Juan dijo...

Me desconciertas con tus textos,no se de que hablas pero me gusta. Por cierto que quieres decir con lo de tu perfil "¿mujer muy mujer?". Un bso.

· Alba · dijo...

Concurso en Letras y Escenas ;)

Corre, que el tiempo se acaba!

Sidel dijo...

Jajajaja, me parto de risa! que texto más bueno me ha encantado, divertido y con moraleja, besos